'Un poco de Ciencia nos aparta de Dios. Mucha Ciencia, nos aproxima a Dios'.
Dr. Louis Pasteur
Dr. Louis Pasteur
Nació en Dôle, Francia en 1822. Su padre había sido soldado de Napoleón. Al dejar el ejército puso una curtiduría y en ella transcurrió la infancia del pequeño Luis (Louis en Francés). Tal vez por esta circunstancia al llegar a mayor eligió la carrera de químico. Pero Pasteur estaba llamado a lograr la gloria en el campo de la medicina. Por eso, aunque no fue un médico, frecuentemente se le cita entre los más grandes médicos que han existido.
Pasteur realizó magníficos experimentos y poseía, además, un arte especial para presentarlos de manera que interesasen vivamente a todo el mundo.
Pasteur no podía admitir que los microbios procediesen de la materia inerte de la leche, o de la manteca. ¡Era seguro que los microbios debían de tener progenitores!. Pasteur era un buen cristiano y empezaba a estar de moda la Teoría de la Evolución, en ella no es necesaria la existencia de un Dios para iniciar este desfile ni para dirigirlo; pero Pasteur replicaba:
"Mi convicción viene del corazón y no de la inteligencia; me entrego a aquellos sentimientos acerca de la Eternidad que surgen naturalmente en mí... Hay algo en lo profundo de nuestras almas que nos dice que el mundo debe de ser algo más que una mera combinación de hechos, debida a un equilibrio mecánico surgido simplemente del caos de los elementos, por una acción gradual de las fuerzas materiales".
Para refutar la teoria de la generacion espontanea uso un matraz esférico, con un cueyo de un cisne en actitud de sacar algo del agua, de esta manera los microbios no pueden caer en el matraz, porque el polvo al que van adheridos no puede caer hacia arriba. Demuestro con esto que es posible abandonar cualquier caldo de cultivo después de haberlo hervido, y que es posible dejarlo en contacto con el aire exterior sin que en él se desarrolle nada, siempre que penetre el aire por un tubo estrecho y encorvado.
"Jamás podrá rehacerse la doctrina de la generación espontánea del golpe mortal que le he asestado con este sencillo experimento" - declaraba Pasteur.
Tenía Pasteur 45 años. Descansó algún tiempo sobre sus laureles, después de haber salvado a la industria de la cría del gusano de seda con la ayuda de Dios y de Gernez, y entonces elevó la vista hacia una de aquellas visiones brillantes, imposibles y en parte siempre acertadas, que eran características de sus dotes de poeta; sus ojos de artista pasaron de las enfermedades de los gusanos de seda a las tristezas humanas; hizo sonar para la Humanidad doliente el toque de trompeta de la esperanza.
"Ya que la doctrina de la generación espontánea es un error, está en la mano del hombre lograr que desaparezcan de la faz de la tierra las enfermedades parasitarias" - declaró...
Lister, el cirujano inglés, le envió una carta reverente a Pasteur, en la que le exponía un plan para operar con toda seguridad a los enfermos, evitando las infecciones misteriosas y letales que en muchos hospitales mataban ocho de cada diez personas:
Las contribuciones de Pasteur a la ciencia fueron numerosas, y se iniciaron con el descubrimiento de la isomería óptica (1848) mediante la cristalización del ácido racémico, del cual obtuvo cristales de dos formas diferentes, en lo que se considera el trabajo que dio origen a la estereoquímica.
En 1865 Pasteur descubrió los mecanismos de transmisión de la pebrina, una enfermedad que afecta a los gusanos de seda y amenazaba con hundir la industria francesa. Estudió en profundidad el problema y logró determinar que la afección estaba directamente relacionada con la presencia de unos corpúsculos –descritos ya por el italiano Cornaglia– que aparecían en la puesta efectuada por las hembras contaminadas. Como consecuencia de sus trabajos, enunció la llamada teoría germinal de las enfermedades, según la cual éstas se deben a la penetración en el cuerpo humano de microorganismos patógenos.
Después de 1870, Louis Pasteur orientó su actividad al estudio de las enfermedades contagiosas, de las cuales supuso que se debían a gérmenes microbianos infecciosos que habrían logrado penetrar en el organismo enfermo. En 1881 inició sus estudios acerca del carbunco del ganado lanar, y consiguió preparar una vacuna de bacterias desactivadas, la primera de la historia.
La continuación de sus investigaciones le permitió desarrollar la vacuna contra la rabia, o hidrofobia, cuyo virus combatió con una vacuna lograda mediante inoculaciones sucesivas en conejos, de las que obtenía extractos menos virulentos. La efectividad de esta vacuna, su última gran aportación en el campo de la ciencia, se probó con éxito el 6 de julio de 1885 con el niño Joseph Meister, que había sido mordido por un perro rabioso y, gracias a la vacuna, no llegó a desarrollar la hidrofobia. Este éxito espectacular tuvo una gran resonancia, así como consecuencias de orden práctico para el científico, quien hasta entonces había trabajado con medios más bien precarios.
El apoyo popular hizo posible la construcción del Instituto Pasteur, que gozaría a partir de entonces de un justificado prestigio internacional. En 1882 fue elegido miembro de la Academia Francesa. Murió en septiembre de 1895.
Pasteur realizó magníficos experimentos y poseía, además, un arte especial para presentarlos de manera que interesasen vivamente a todo el mundo.
Pasteur no podía admitir que los microbios procediesen de la materia inerte de la leche, o de la manteca. ¡Era seguro que los microbios debían de tener progenitores!. Pasteur era un buen cristiano y empezaba a estar de moda la Teoría de la Evolución, en ella no es necesaria la existencia de un Dios para iniciar este desfile ni para dirigirlo; pero Pasteur replicaba:
"Mi convicción viene del corazón y no de la inteligencia; me entrego a aquellos sentimientos acerca de la Eternidad que surgen naturalmente en mí... Hay algo en lo profundo de nuestras almas que nos dice que el mundo debe de ser algo más que una mera combinación de hechos, debida a un equilibrio mecánico surgido simplemente del caos de los elementos, por una acción gradual de las fuerzas materiales".
Para refutar la teoria de la generacion espontanea uso un matraz esférico, con un cueyo de un cisne en actitud de sacar algo del agua, de esta manera los microbios no pueden caer en el matraz, porque el polvo al que van adheridos no puede caer hacia arriba. Demuestro con esto que es posible abandonar cualquier caldo de cultivo después de haberlo hervido, y que es posible dejarlo en contacto con el aire exterior sin que en él se desarrolle nada, siempre que penetre el aire por un tubo estrecho y encorvado.
"Jamás podrá rehacerse la doctrina de la generación espontánea del golpe mortal que le he asestado con este sencillo experimento" - declaraba Pasteur.
Tenía Pasteur 45 años. Descansó algún tiempo sobre sus laureles, después de haber salvado a la industria de la cría del gusano de seda con la ayuda de Dios y de Gernez, y entonces elevó la vista hacia una de aquellas visiones brillantes, imposibles y en parte siempre acertadas, que eran características de sus dotes de poeta; sus ojos de artista pasaron de las enfermedades de los gusanos de seda a las tristezas humanas; hizo sonar para la Humanidad doliente el toque de trompeta de la esperanza.
"Ya que la doctrina de la generación espontánea es un error, está en la mano del hombre lograr que desaparezcan de la faz de la tierra las enfermedades parasitarias" - declaró...
Lister, el cirujano inglés, le envió una carta reverente a Pasteur, en la que le exponía un plan para operar con toda seguridad a los enfermos, evitando las infecciones misteriosas y letales que en muchos hospitales mataban ocho de cada diez personas:
Las contribuciones de Pasteur a la ciencia fueron numerosas, y se iniciaron con el descubrimiento de la isomería óptica (1848) mediante la cristalización del ácido racémico, del cual obtuvo cristales de dos formas diferentes, en lo que se considera el trabajo que dio origen a la estereoquímica.
En 1865 Pasteur descubrió los mecanismos de transmisión de la pebrina, una enfermedad que afecta a los gusanos de seda y amenazaba con hundir la industria francesa. Estudió en profundidad el problema y logró determinar que la afección estaba directamente relacionada con la presencia de unos corpúsculos –descritos ya por el italiano Cornaglia– que aparecían en la puesta efectuada por las hembras contaminadas. Como consecuencia de sus trabajos, enunció la llamada teoría germinal de las enfermedades, según la cual éstas se deben a la penetración en el cuerpo humano de microorganismos patógenos.
Después de 1870, Louis Pasteur orientó su actividad al estudio de las enfermedades contagiosas, de las cuales supuso que se debían a gérmenes microbianos infecciosos que habrían logrado penetrar en el organismo enfermo. En 1881 inició sus estudios acerca del carbunco del ganado lanar, y consiguió preparar una vacuna de bacterias desactivadas, la primera de la historia.
La continuación de sus investigaciones le permitió desarrollar la vacuna contra la rabia, o hidrofobia, cuyo virus combatió con una vacuna lograda mediante inoculaciones sucesivas en conejos, de las que obtenía extractos menos virulentos. La efectividad de esta vacuna, su última gran aportación en el campo de la ciencia, se probó con éxito el 6 de julio de 1885 con el niño Joseph Meister, que había sido mordido por un perro rabioso y, gracias a la vacuna, no llegó a desarrollar la hidrofobia. Este éxito espectacular tuvo una gran resonancia, así como consecuencias de orden práctico para el científico, quien hasta entonces había trabajado con medios más bien precarios.
El apoyo popular hizo posible la construcción del Instituto Pasteur, que gozaría a partir de entonces de un justificado prestigio internacional. En 1882 fue elegido miembro de la Academia Francesa. Murió en septiembre de 1895.
Un señor de unos 70 años viajaba en tren y a su lado iba un joven universitario que estudiaba su libro de ciencias, mientras
el anciano leía un libro de portada negra. El joven percibió que se trataba de la Biblia, abierta al Evangelio de Marcos. Sin ceremonia el muchacho interrumpió la lectura del otro y le preguntó: Señor, ¿usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y cuentos? Sí, mas no es un libro de cuentos, es la Palabra de Dios.
¿Estoy equivocado? Pues claro que sí. Creo que el señor debería estudiar la historia universal. Desde hace más de 100 años la revolución francesa mostró la miopía de la religión. Solamente personas sin cultura todavía creen que Dios hizo
el mundo en seis días. El señor debería conocer un poco más lo que nuestros
científicos dicen de todo eso. Y . . . ¿es eso lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia? Bien, como tengo que bajar en la próxima estación no tengo tiempo de
explicarle, pero déjeme su tarjeta con su dirección para mandarle material
científico por correo. El anciano entonces con mucha paciencia le dio una tarjeta al muchacho. Éste, al leer el nombre allí impreso, salió cabizbajo, sintiéndose más pequeño que una ameba. Porque la tarjeta decía:
el anciano leía un libro de portada negra. El joven percibió que se trataba de la Biblia, abierta al Evangelio de Marcos. Sin ceremonia el muchacho interrumpió la lectura del otro y le preguntó: Señor, ¿usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y cuentos? Sí, mas no es un libro de cuentos, es la Palabra de Dios.
¿Estoy equivocado? Pues claro que sí. Creo que el señor debería estudiar la historia universal. Desde hace más de 100 años la revolución francesa mostró la miopía de la religión. Solamente personas sin cultura todavía creen que Dios hizo
el mundo en seis días. El señor debería conocer un poco más lo que nuestros
científicos dicen de todo eso. Y . . . ¿es eso lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia? Bien, como tengo que bajar en la próxima estación no tengo tiempo de
explicarle, pero déjeme su tarjeta con su dirección para mandarle material
científico por correo. El anciano entonces con mucha paciencia le dio una tarjeta al muchacho. Éste, al leer el nombre allí impreso, salió cabizbajo, sintiéndose más pequeño que una ameba. Porque la tarjeta decía:
Profesor Doctor Louis Pasteur
Director General del Instituto de Investigaciones Científicas
Universidad Nacional de Francia
'Un poco de Ciencia nos aparta de Dios. Mucha, nos aproxima'.
-(hecho verídico ocurrido en 1892, parte de una biografía)
Director General del Instituto de Investigaciones Científicas
Universidad Nacional de Francia
'Un poco de Ciencia nos aparta de Dios. Mucha, nos aproxima'.
-(hecho verídico ocurrido en 1892, parte de una biografía)